La siguiente reflexión personal pretende –a través de una opinión- recoger los planteamientos ético-ambientales que respaldan el discurso político de Al Gore, candidato demócrata a la presidencia de EEUU. Para ello, se va a utilizar el replanteamiento ético-ecológico que señala Teresa Romañá en cuanto a las tendencias éticas asociadas a los modelos de formación en valores ambientales.
En primer lugar, destacar el marcado carácter político del discurso conservacionista de Al Gore. El partido demócrata estuvo a punto de hacerse con la victoria en unas elecciones más propias de un país poco desarrollado, que de una potencia ‘democratica’. No en vano, este posicionamiento frente al status quo americano le hizo generar corrientes de simpatía entre la ciudadanía y en círculos políticos y sociales, pero también resultaba un aclamado inconveniente a los lobbies financieros, mediáticos, e industriales, que veían como se empieza a criticar desde dentro y con repercusiones mundiales, el way of life yanqui, el modo de vida capitalista y neoliberal norteamericano. Florida es un ejemplo de lo que la fuerza de esos poderes ocultos (y no tanto, porque en EEUU se puede financiar públicamente a un candidato) supone. Por un momento, Europa entera puso el grito en el cielo ante el descaro de la mayor potencia mundial, digamos democrática, en unas elecciones libres.
Al Gore y su equipo profesional sabían muy bien a lo que se enfrentaban. EEUU se convierte en potencia mundial gracias a un desarrollo económico y tecnológico agresivo, capitalista. Siendo miembro de organismos internacionales, es común que no ratifiquen tratados, convenios, que no secunden las cumbres y otras reuniones internacionales sobre el Medio Ambiente y otros temas sociales. Y esto es así, porque los EEUU son uno de los principales contaminantes sobre todo en CO2 respecto al calentamiento global y el efecto invernadero. Nos lo hicieron ver desde la Cumbre de Kyoto en su negativa a ratificar las disposiciones, pero también hace unos días intentando boicotear –la prensa ha dicho suavizar- una resolución de Naciones Unidas sobre el Efecto invernadero. No es coincidencia que siempre se opongan los mismos, los más contaminantes: EEUU, Rusia, China, etc. Por todo esto el equipo de comunicación de Al Gore pretendía emitir un discurso conservacionista, pero de tono catastrófico, trágico y fatal, para que la ciudadanía asumiese su porción de responsabilidad social.
Si analizamos el discurso a través del video, se comprueba que el lenguaje es de carácter técnico, e incide sobre la mala administración humana de los recursos naturales, de la negativa incidencia de las tecnologías de producción sobre el entorno, etc. No hace referencias expresas a cuestiones sociales e humanas, intentando separar los problemas ambientales en su análisis, de la problemática humano-social. Es decir, no se replantea la estructura social, la distribución justa de la riqueza, y otras cuestiones sociales. No puede atreverse, no al menos frontalmente, de arremeter contra el establishment estadounidense. Por eso utiliza el Ambientalismo como criterio general en su discurso. Así, admite el valor de lo natural sin necesidad de cuestionarse la mercantilización de las relaciones con la naturaleza, y engendra el parcheado técnico mediante correcciones concretas, que pretende corregir esa relación desmedida con la naturaleza. Este discurso aparece de un verde ‘conservador’, como una variante tecnocientifica del mismo tipo de progreso ¿pero no puede aspirar a más el candidato demócrata?
Parece en un primer momento que no. Una incidencia mayor en contra del sentimiento yanqui de hegemonía podía ser devastador en cuanto a votos. Recordemos que Al Gore pretendía ser presidente de los EEUU. No podía enviar un mensaje de cambio radical, ante la política ambientalista de su nación mediante mensajes y criterios marcadamente ecologistas. A él no le interesaba cuestionarse ni la jerarquía social, ni la estructura social, ni todos sus conflictos. No.
Pero un Al Gore ambicioso, nos muestra en un momento del reportaje su visión, como si de un gurú o chamán se tratase. Hay un antes y un después en su preocupación medioambiental. Su hijo es aquejado de una enfermedad crónica que le hace replantearse aspectos éticos y morales. Este mensaje, presentado de un paternalismo insultante, nos muestra a un Al Gore humano, comprometido con el bienestar social de la población por una iluminante enfermedad de su hijo. Quizás este mensaje sea el más peligroso. Este aditivo espiritual y metafísico a la campaña medioambientalista pretende situarlo como un líder mundial, que sobrevenido por una revelación, nos quiere conducir por el camino verdadero y eterno hacia nuestra relación ético-moral con la naturaleza, una especie de ecología profunda, donde es la naturaleza ahora el sujeto y el valor frente al ser humano y sus creaciones culturales.
De esta forma, Al Gore hace un discurso muy bien dotado de parafernalia audiovisual y con una presentación didáctica excepcional, pero con un contenido ambientalista muy conservador, pese al maremagnum de datos catastróficos. Con esto consigue no presentar una crítica directa al sistema económico de su país, llamar la atención de los votantes preocupados por lo verde, o al menos algo más verdes que sus contrincantes políticos, y presentarse como una figura idílica de padre cabeza de familia, que gracias a la enfermedad de su hijo reflexiona por todos nosotros sobre nuestra presunta relación inmoral con la naturaleza.
Premio Nobel y... ¿olé?
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