martes, 6 de noviembre de 2007

Miedo a los cuerpos desnudos

Era una media tarde, de aquellas partidas, seccionadas a golpe de reloj, cuando decidí coger mi txirrindula hecha a mano -que no es otra cosa que mi bicicleta 'hand made'- para acercarme a la playa naturista a darme un baño de sol. El agua en estas fechas está algo fría, por lo que no entraba en mis planes premeditados el hacerlo.

El camino hacia El Arraijanal fue como siempre, bordeando con los conductores del dióxido del carbono, que tienen altas tasas acumuladas de estres y ansiedad. Yo también cuando conduzco entro en las desavenencias del ir corriendo a todos lados porque siempre hay más cosas que hacer. La postmodernidad no sólo ha derribado a la religión y a las ideologías para sumirnos en esta incertidumbre perpetua, sino que lo ha hecho a golpe de ritmo frénetico de reloj (también cayeron las manecillas de reloj por el cuarzo LCD, y los mecanismos de cuerda por el de baterias)

Lo más lógico en una ciudad costera sería enfilar el flamante nuevo paseo marítimo hacia el poniente, estorbando así a los peatones paseantes de la calma costera, pues yo no sé ir despacio con esos firmes tan deslizantes. A veces lo hago, pero hoy no. Hoy he decidio callejear la ciudad, dando una impresentable vuelta para no entrar en las principales vías y arterias de la ciudad, a sobreacumular polvo en mis ojos y CO2 en mis pulmones. He tenido que subir hacia el Norte por la zona de sobreexpansión urbanística de Teatinos para recorrer transversalmente tres polígonos industriales hasta llegar a la zona Oeste de la ciudad, de allí irremediablemente he tenido que entrar en la carretera nacional un tramo para acabar saliendo pasada ya la desembocadura del Guadalhorce, que dicho sea de paso y, pese o gracias a la depuradora, aún anidan cantidad de aves de humedal: pollas de agua entre otras...

Hice, como no, la parada de rigor. Me líe un spinnelo a la sombra alargada de un eucalipto que albergaba una colonia -numerosa por los gorgorosos canturriales que emitía- de loros tropicales, que ya son un clásico ejemplo de especies invasoras y desestructurantes de nuestros ecosistemas. Muy bonitos los loros, pero en un rato pude observar al menos media docena de ataques territoriales o por comida ¿? con aves acuáticas. Sólo una avezada garza les hizo frente aleteando su pico cuando se acercaban. Mientras... yo pensaba en las invasiones y en las colonizaciones territoriales. Que lindos los loros, que tropicales...

Mi llegada a la playa fue triunfal. La linea de costa serpenteaba hacia el Atlántico serena y quieta, sola. No soy un tipo de grandes multitudes, creo que soy un poco fóbico en ese sentido. Pero los terapeutas son anti-fóbicos y no les pasa nada. Encontrarse la playa vacía es algo digno de señalar en el almanaque, sobre todo si no tienes algún artilugio-agenda de esos que ya hay en el mercado.Yo aún escribo y rotúlo en los calendarios de pared, luego son una buena memoria de acontecimientos. Sólo otra vez me ocurrió y aquello si que fue anecdótico. Era la misma época, pero la zona era de acantilados entre las provincias de Málaga y Granada. Cuál no fue mi sorpresa cuando estuve contemplando un hermoso macho de cabra montesa con toda su cornamenta y un par de hembras que me acompañaban en mi tarde de playa en entretiempos. Cuando lo cuento, la gente me mira sorprendida.

Pero volvamos al Arraijanal. La tarde estaba plácida. Corría una pequeña ventisca y asomaba alguna nube rasgada, pero el sol de octubre sabe ser muy gratificante tras unos días de chubascos. Dejé la txirrindula acostada, saqué la toalla y me desnudé para tumbarme a disfrutar de una tranquilidad merecida. El rumiar de las olas hace dormir. El sol tonifica, ni frío, ni calor. Pasé dormido unos ratos. Soñé incluso, pero no quiero contarlo. Luego me despertó la pura realidad. No me dieron el alto porque ya estaba parado, pero a quien menos espera uno encontrar en el sosiego de la playa es a la guardia civil. Iban en un todoterreno y uno de ellos, el más maduro, llevaba unos prismáticos colgados del cuello. No sé si me dijeron algo, pero a mi me despertó la fría sombra que iba avanzando sobre mi cuerpo. Alcé la vista casi asustado.
- Hola, dije yo, en 'bolas'
- ¿No sabe usted que aquí está prohibido estar desnudo? espetó el que parecia el 'bueno', por su brillante pelo blanco, aunque la forma de coger uno de los binoculares del prismático me decía que su afición no era la ornitología, sino más bien parecían avistar inmigrantes cercanos a la costa.
- Pero si esto es una playa nudista, dije yo con toda la simpatía que pude ofrecer.
- No, la playa nudista empieza ahí, señalando un cartel informativo que yacia tendido en el suelo, y en el que había pintadas homofóbicas pintadas.
- Ah bueno, perdone! dije yo mientras me levantaba. No lo había visto, además como no hay nadie...
- ¿Cómo que no hay nadie? ¿Y nosotros qué? gritó el de la cara de mala leche, más joven y sin barriga, saltando a un primer plano. ¿Sabe usted que le podemos denunciar?
- Perdone, me he explicado mal. Quería decir que no sabía que la playa estaba limitada y no he visto el cartel. Ya me pongo allí, anuncié agachandome a coger la ropa.
- El que no lo ha entendido es usted! me dijo el 'mala leches', ¡Tiene usted que abandonar la playa!
A mi aquello ya me parecía una injusticia en toda regla así que, pensando las palabras porque andaba indocumentado, me dirigí hacia el 'barriguitas', y en un tono acaramelado le dije:
- Esto es una playa pública y creo que no está regulada por horarios. Yo me pongo tres metros más allá -que era la distancia hasta los limites que delimitaba el cartel- y ya está. Yo he venido en busca de tranquilidad. No quiero problemas.
El 'mala leches' ante la pérdida de protagonismo, ya que me dirigí a su compañero, me dijo, coge tus cosas y vete si no quieres problemas.
Entre tanto, mi astucia me había hecho trasladar toda mi ropa y la toalla, así que una vez que cogí la bici, me surgió:
- ¿Es que teneis miedo a los cuerpos desnudos?
Como veis cabrones hay en casi todas las playas.
La multa fue por no llevar el documento de identidad

1 comentario:

Arturios dijo...

Joder, los últimos gilipollas que hicieron eso en Getxo (Bizkaia) tuvieron una bronca de la leche, el desnudo no está prohibido por mucho que se empeñe un señor guardia, al final se tuvieron que inventar algo para multar y acojonar, como en los buenos tiempos del caudillo y tal.

Pongo una referencia en http://soy-nudista.es